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Spartacus, Dioses del Entretenimiento

¡Hola a todos!

Se que llevo algo de tiempo sin realizar ninguna aportación nueva al blog, pero la verdad es que mi intención es que cada entrada esté lo mejor documentada posible, y eso conlleva un tiempo razonable de estudio e investigación. Si además le añadimos que tengo conjugar todo esto con el resto de mis quehaceres cotidianos, pues ya os haréis una idea.

Mi intención es que esta entrada sirva a modo de introducción de la siguiente, la cual espero que sea la primera de una larga lista dedicada, casi en exclusiva, a analizar distintos aspectos históricos de una serie actual que para mí es mítica y, a veces, bastante incomprendida. Se llama Spartacus, y va por su tercera temporada (Sangre y Arena, Dioses de la Arena, y Venganza). Para conocer todos los detalles técnicos de la serie, pincha aquí.

Anfiteatro de Capua.

La serie Spartacus, del canal Starz, versa sobre la Tercera Guerra Servil que acaeció entre los años 73 y 71 a. C, en la que un número creciente de esclavos, al mando de un gladiador-general llamado Espartaco (Spartacus en latín), se enfrentó a la República Romana. La serie se centra en la figura de Spartacus, el líder de la rebelión junto a Cricsus y Oenomaus, y en una serie de tramas personales que se van tejiendo a su alrededor y que no tienen evidencia histórica de haber sucedido. Pero esto es entendible, puesto que los espectadores necesitan algo más que datos meramente históricos, a saber: una trama amorosa en la que se vea implicado el protagonista, con unos tintes de pasión y traición a partes iguales; varias tramas secundarias, para no cansar demasiado a los televidentes; un antagonista malévolo y desquiciado que justifique las acciones del protagonista; etc…. Aquél que sólo busque una lección de historia, mejor que se compre un libro.

No voy a entrar de momento a analizar el tratamiento que la serie hace de los acontecimientos históricos sucedidos durante la Tercera Guerra Servil, puesto que sería una tarea larga y meticulosa, de modo que lo dejo para más adelante. Lo que sí me gustaría analizar son los motivos por los que he escogido esta serie como foco de esta entrada y de las sucesivas, y por que suscita en mí tanto interés.

Para empezar, el motivo principal es lo bien documentada y realizada que está la serie. No me refiero a que los hechos que se narran se corresponden enteramente con los hechos históricos, porque eso es otro cantar, y como ya he dicho antes, será objeto de una entrada más adelante. Me refiero a que la serie refleja fielmente muchísimos aspectos de la vida romana (si bien algunos los exagera), e introduce una serie de elementos, en ocasiones muy sutiles, en los que se hace evidente que ha habido una labor de investigación histórica (aunque sólo sea mínima) detrás de las cámaras, y que no tiene precedentes. Spartacus, lejos de entrener o deleitar la vista y el oído, también instruye. Y eso se agradece. Por citar un solo ejemplo, Spartacus es la primera serie/película que refleja la institución del Sacramentum Gladiatorum, si bien no con demasiada exactitud, y añadiendo una dosis adicional de dramatismo. Pero algo es algo.

En segundo lugar, que la serie sea instructiva y bien documentada es un dato objetivo, es decir, es así con independencia del espectador. Pero ello no significa que tenga que ser entretenida, puesto que ya nos adentramos en los gustos de cada cual, y para gustos los colores. Así que este motivo es puramente subjetivo, y es que a mí Spartacus me parece tremendamente entretenida e interesante. Nada puede ser más estimulante que la historia de uno de los personajes más épicos de la historia de la Humanidad, y si además la engalanamos con toda la parafernalia del vasto mundo de los gladiadores, pues ya es que “me desorino”, como dicen algunos andaluces.

En tercer lugar, el elenco de actores que participa en esta serie es formidable, desde un  maravilloso y siempre recordado Andy Whitfield† (Espartaco), pasando por un increíble Jhon Hannah (Batiato), hasta un icono de mi infancia y la de muchas personas, Lucy Lawless, que para mí ha dejado de ser “Xena, la princesa guerrera”. Ahora y para siempre será “Lucrecia, la mujer de Batiato”. Sólo por verla merece la pena la serie.

En cuarto lugar, la producción de Spartacus es impecable, creando unas escenas y ambientes en los que uno desearía perderse para siempre, y logrando una estética visualmente fascinante. Las escenas de combate en la pequeña arena de Capua o en su anfiteatro son, sencillamente, sublimes, aunque se abuse quizás un poco de la estética acuñada por la película 300, recurriendo a unos efectos especiales que a veces resultan de una calidad bastante mejorable.

Para acabar, el último motivo por el que me gusta tanto esta serie es, curiosamente, el mismo motivo que esgrimen aquellos que detestan la misma para justificar su disgusto: las escenas sexuales y violentas. Reconozco que, en general, hay un exceso de este tipo de escenas que convierten a Spartacus en una serie no sólo no apta para menores de 18 años, sino para todo aquel que no pueda soportar escenas de sexo explícito (rozando lo pornográfico) o escenas de una violencia extrema (rozando lo “gore”). Pero este exceso no tiene por qué ser malo necesariamente, convirtiéndose así en un motivo invalidante de la serie.

Personalmente, yo ya estaba un poquitín “harto” de la típica imagen de la sociedad romana en general y del ciudadano romano en particular ofrecida por las series y películas, y a la que tanto nos tienen acostumbrados. La imagen del romano político, jurídico, ético, correcto y, en definitiva, convencional. Spartacus vino a salvar esta situación, mandando literalmente “al carajo” todo convencionalismo histórico o tabú contemporáneo, y revistiéndose de un manto que resulta tan provocador, morboso y visceral que, para algunos, ralla en lo desagradable. Y eso es lo bueno, que para bien o para mal, no deja indiferente.

Ya me iba apeteciendo a mí contemplar y, por qué no decirlo, regocijarme con esa otra cara de la sociedad romana que resulta hasta detestable,  pero que forma parte de la historia: la violencia desmesurada de los ludi gladiatorii, la opulencia y los excesos de los patricios, los vicios indecibles de los lupanares, el despotismo de las clases privilegiadas hacia los esclavos, el desenfreno y el frenesí de las orgías y bacanales, la casi plena potestad del pater familias respecto de sus alieni iuris, etc….

En fin, aunque resulte una clásica incorrección histórica que el cine y la literatura han perpetuado, quiero acabar esta entrada de la manera que habría sido oportuno empezarla…

Ave, Imperator Caesar. Morituri te salutant”. ¡Hasta la próxima!

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Categorías: Spartacus | Etiquetas: , | 2 comentarios

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