Miscelánea

¡Cave canem!

¡Hola a todos!

En un principio esta entrada iba a estar dedicada a los cartagineses, una de las potencias enemigas de la República Romana más importante de la historia. Pero las circunstancias de las últimas semanas, y sobre todo las de ayer, me han obligado a posponerla en pos de esta entrada dedicada a un ser muy querido para mí. Por ello, este post está dedicado a los perros en la Antigua Roma. No obstante, haré un recorrido desde la domesticación del lobo hasta la concepción del perro como mascota, que se consolidó durante el Imperio Romano.

Aunque en un primer momento podría deducirse que la existencia de un vínculo entre los perros y las personas es un fenómeno contemporáneo, en realidad tiene una larga historia en el mundo occidental y también en otras culturas. Es más, el perro fue el primer animal domesticado de la historia de la humanidad.

Lobo Gris actual.

El antepasado más inmediato del perro común es el lobo gris, y sería una subespecie de éste, según la comparación de los mapas genéticos de ambas especies. La evidencia fósil más antigua de un perro domesticado corresponde a unos 31.700 años, y fue encontrada en la cueva Goyet en Bégica, en 2008. De todos modos, existen evidencias arqueológicas que demuestran que el lobo gris ya estaba asociado con los humanos hace 100.000 años.

Lo que en un principio comenzara como una rivalidad entre el lobo gris y los primeros hombres, con el tiempo se convertiría en una relación de beneficio muto entre ambas especies, siendo esta relación posible gracias a la domesticación del lobo gris. Actualmente, los investigadores han alcanzado un consenso casi absoluto acerca de que es muy posible que esta domesticación del lobo gris empezara más por la adaptación espontánea de este al acercarse a vivir junto al hombre que por la voluntad humana.  Esto se debe a que vivir junto al hombre siempre fue ventajoso para el lobo. Un lobo viviendo en una comunidad humana, aún en la Antigüedad, podía alimentarse con menos esfuerzo que uno salvaje, podía vivir en mejores condiciones y disfrutar del afecto y cuidado humano. El hombre, en un primer momento, se demostraría incapaz de impedir que los lobos se introdujeran en sus aldeas y tuvieran allí a sus cachorros. Con el tiempo, llegaría a darse cuenta de las grandes utilidades que podría reportarle el lobo, y comenzaría a domesticarlo. El lobo era útil como ayuda en la caza y para defender al grupo y su morada, ya que cuenta con un olfato, oído y resistencia muy superiores a los hombres. Poco a poco, el hombre los adaptó a sus necesidades, creando diferentes razas para las distintas labores y características ambientales y geográficas.

Heracles acercándose a Cerbero, en una de sus “Doce Pruebas”.

Esta relación tan especial dio lugar también a una divinización de este animal (y de otros)  por parte del hombre en las primeras religiones politeístas, otorgándole a determinadas deidades los rasgos del perro.

En la mitología griega, en el reino infernal de Hades, tras cruzar el río Estigia en la barca de Caronte, el encargado de vigilar las puertas del infierno era un perro demoníaco de tres cabezas, llamado Cerbero. Cerbero representa la cualidad del perro de buen guardián y vigilante. Homero en la Odisea destaca la fidelidad del perro de Ulises, Argos, ya que fue el único que reconoció a su amo cuando regresó a su patria, Ítaca, con ropaje de vagabundo tras su periplo epopéyico.

Dios egicio Anubis.

En la mitología egipcia, al dios de los rituales fúnebres, Anubis, se le representa con cabeza de chacal y cuerpo de lebrel.

Animales Tótem.

No obstante, la mayor expresión de esta divinización se produjo en el totemismo, una forma primitiva de religión, en la que un animal de una determinada especie era considerado como antepasado común de los animales vivos de la misma especie y de los hombres del clan o de la tribu.

Aparentemente los griegos fueron los primeros en adoptar al perro no sólo por su utilidad práctica, como se hacía hasta entonces, sino por el simple valor de su compañía o disfrute del dueño. Fue entonces cuando surgió la noción de “mascota”. No obstante, fue durante la época romana imperial cuando se produjo el auge de esta tendencia, dada la opulencia de un estamento privilegiado, los patricios.

En el Imperio Romano ya existían algunas de las razas de perros que se conocen actualmente, y cada una tenía su propia función. Por ejemplo, para las cacerías se utilizaban a los veloces galgos, mientras que los poderosos mastines se empleaban para la guerra o para los ludi venatorii, espectáculos de caza celebrados por las mañanas en los anfiteatros. En cualquiera de los casos, los perros no convivían en los mismos habitáculos que los ciudadanos romanos. Sin embargo, como ya he comentado, la clase privilegiada por excelencia, los patricios, gustaba de tener perros domésticos, es decir, que podían convivir con ellos en la domus (vivienda romana de los patricios), y cuyo valor residía no en su utilidad, sino en su compañía, y la historia nos ha dejado muchas huellas de ello. La descripción que el poeta romano Marco Valerio Marcial hace de la perra de su amigo Publio, Issa, lo refleja con una belleza y claridad incomparable. Dice Marcial:

“Issa es más pura que un beso de paloma, más cariñosa que todas las muchachas, más preciosa que las perlas de la India… Para que su última hora no se la llevara del todo, Publio reprodujo su imagen en un cuadro en el que verás una Issa tan parecida que ni siquiera la misma Issa se parecía tanto a sí misma”.

Sin palabras. Del mismo modo, el mosaico de la entrada de la Casa del Poeta Trágico en Pompeya refleja a un perro sujeto con una cadena, y la inscripción latina “cave canem”, que significa “cuidado con el perro”.

Célebre “cave canem” de Pompeya.

En fin, ya los romanos se deleitaban con todo lo que un perro podía aportar a la vida de un ser humano, del mismo modo que mi perrita “Yesi”, una tierna Yorkshire Terrier, nos ha brindado más de 15 años de cariño, lealtad y enorme felicidad a mí y a mi familia. Ha estado conmigo desde que tengo uso de razón, y ha sido un miembro más de la familia. Nos dejó tan sólo hace dos días. Que este post sirva de tributo a Yesi por todos los años que nos ha hecho felices, y que nosotros la hemos querido. El poeta latino Marco Valerio Marcial no pudo expresarlo mejor.

No habría mejor forma de acabar esta entrada que con las siglas “STTL” que los romanos ponían en las lápidas de sus difuntos, y que significaban “sit tibi terra levis”, es decir, “que la tierra te sea leve”.

Yesi, 4/4/1997 – 23/10/2012.

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Bienvenidos

¡Hola a todos!

Mucho tiempo ha pasado desde que se me ocurrió por primera vez hacer este blog, pero por una cosa o por otra continuamente lo he ido dejando pasar…hasta ahora. Me gustaría compartir con vosotros por qué nace todo este embrollo, y agradecer así de paso a aquellas personas que contribuyeron a afianzar mi pasión por la historia antigua, y también a forjarme como persona.

Desde que tenía uso de razón siempre me ha provocado mucha curiosidad el fenómeno histórico, es decir, la sucesión de acontecimientos a lo largo del tiempo, y como los llegamos a conocer a través de las huellas que van dejando. Esta curiosidad era lógica y entendible, puesto que mi padre (o padrazo, mejor dicho) me regaló, cuando yo calzaba los 6 años, el primer fascículo de la legendaria colección Dinosaurios, de Planeta DeAgostini, con un precio de 195 pesetas (qué añorados tiempos aquellos…). Cuando empecé a comprender la condición social inherente al ser humano, mi interés por la historia de los dinosaurios fue derivando a la historia de la humanidad.

Siempre he sido un freak de la historia del mundo antiguo y de la arqueología, así en general, si bien es cierto que tenía cierta predilección por la cultura grecolatina, y más concretamente por la helénica. Ésto se debe a cierto día, cuando tenía 11 años, en el que mi madre me regaló un libro que vio en una librería, y que pensó que me gustaría: Pequeño Atlas de la Mitología Griega. Ahí es nada. Gracias, mamá.

Mi pequeña estantería fue creciendo poco a poco de obras clásicas y de libros de divulgación, llenándose mi habitación de míticos y asombrosos personajes: Zeus, Ulises, Hera, Tántalo, y toda la pandilla.

El gran hito en esta afición sucedió cuando entré en el bachillerato de humanidades y empecé a profundizar en las que fueron mis materias favoritas: latín, griego, historia del arte, cultura clásica….Grandes recuerdos guardo de todas ellas, pero fue una profesora la que provocó en mí una fascinación casi catártica por la cultura romana, y la que me descubrió por vez primera el Conjunto Arqueológico de Itálica. Era mi profesora de latín, Isa. Mi gratitud eterna para ella, por su gran calidad como docente y más como persona.

A partir de ahí fui adentrándome cada vez más en la cultura romana y profundizando en el yacimiento arqueológico de Itálica, leyendo y estudiando casi toda la bibliografía existente. La Universidad y, sobretodo, el Derecho Romano y los grupos de investigación, hicieron el resto.

Desde entonces, cada vez que entro en Itálica me siento “como si estuviera en mi hogar”. No hay palabras que describan mejor y con más exactitud mis sentimientos hacia este enclave histórico y esta maravillosa civilización. Por eso llevo un par de años dedicándome a organizar visitas al Conjunto Arqueológico de Itálica, al Teatro Romano de Itálica y a la Necrópolis de Carmona. Y porque creo que para descubrir un lugar como éste, lo mejor es ir de la mano de alguien no sólo que lo conoce, sino que lo ama y lo siente como suyo.

Álvaro dixit. =)

“La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos” .(Cicerón)

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